La pérdida de cabello es una condición que padecen millones de personas, afectando a un 25% de la población joven y a las dos terceras partes de los mayores de 60 años. Si bien es considerado un problema de tipo cosmético más que médico, que no presenta otro efecto secundario salvo la pérdida de pelo, influye en las mayoría de las personas de una manera emocional importante, disminuyendo su autoestima y confianza y provocándoles consecuencias de carácter psicológico y social. En el 95% de las personas que sufren calvicie prematura, la causa es genética, es decir de carácter hereditario, este tipo de alopecia se denomina androgénica y es el resultado de la presencia de un gen que convierte grandes cantidades de testosterona en dihidrotestosterona (DHT), enzima responsable del pelo terminal, provocando que el folículo deje de realizar su actividad habitual de crecimiento del pelo. La calvicie provocada por la alopecia androgénica, en los hombres sigue un patrón común, comenzando por la pérdida en entradas y coronillas, hasta quedar, en los casos más extremos, solo una franja de pelo en la parte posterior de la cabeza. Este tipo de alopecía es menos frecuente en las mujeres, aunque, también la pueden padecer, pero en ellas sigue un patrón diferente, siendo la pérdida de pelo más difusa y repartida por toda las áreas de la cabeza. Otros factores que a veces provocan la pérdida de pelo pueden ser:
• Altos niveles de estrés
• Situaciones traumáticas
• Algunas enfermedades
• El uso de ciertas drogas o fármacos
• Deficiencias en la alimentación
• Heridas, cicatrices
En algunos de los casos, dependiendo de la causa que la provoque, la alopecia, será de carácter temporal, reversible. En otros, el trasplante capilar será la solución para restaurar las zonas con pérdida de pelo. En todos los casos el médico será quien diagnostique la causa y prescriba el tratamiento a seguir.
La escala Hamilton – Norwood es una tabla de clasificación de la calvicie masculina. Abarca las diferentes etapas de la pérdida del pelo, desde el inicio, pasando progresivamente, por los diferentes grados. Es un instrumento muy utilizado para hacer más fácil la comprensión a la hora se saber en que fase de la alopecia se encuentra el paciente.
La escala empieza en 1 en su grado menor y llega a 7 en las formas más agresivas de pérdida de pelo.
La escala de Ludwig es la tabla de clasificación de los patrones típicos de caída de cabello en la mujer, tiene tres grados de categorización.
Contrario a la creencia generalizada, el trasplante capilar es utilizado desde hace mucho tiempo atrás (año 1939), sin embargo, no es hasta el año 1990 cuando experimenta una evolución considerable que permite alcanzar resultados absolutamente naturales a través del trasplante de unidades foliculares (FUT).
La técnica FUT consiste en identificar las unidades foliculares aptas para trasplantar, extraerlas de manera intacta sin dañar su estructura genética y colocarlas, posteriormente, en el área a restaurar.
En la actualidad los trasplantes de unidades foliculares se llevan a cabo mediante dos técnicas:
Técnica FUE: Consiste en extraer una a una las unidades foliculares a implantar.
Técnica de la tira o FUSS: Consiste en retirar una tira de tejido de la zona donante, para luego, diseccionarla extrayendo las unidades foliculares que se implantarán
El pelo crece de manera natural en grupos de 1 a 4 pelos, con un promedio de 2,5 pelos por grupo, estas agrupaciones se denominan “Unidades Foliculares”.
Cada Unidad Folicular constituye una unidad fisiológica que contiene glándulas sebáceas, nervios, músculo y algún vello capilar y son utilizadas en los trasplantes de unidades foliculares de manera intacta sin alterar su estructura genética.
Si bien la evaluación por parte del profesional médico es fundamental para afirmar si se es, o no, un buen candidato para un trasplante capilar, existen algunos criterios que determinan esta condición:
Sexo:
Los patrones de pérdida del pelo son diferentes entre hombre y mujeres. Mientras que en los primeros la pérdida es más localizada y predecible, en las mujeres es de tipo difusa. Esta característica hace que los trasplantes capilares en hombres sean más sencillos, puesto que se trabaja un zona definida, mientras que en las mujeres resulta más complicado, ya que además de la dificultad del área a cubrir, el cabello femenino tiende a ser más fino y débil.
En ambos casos la estabilidad capilar será la indicación ideal para un trasplante.
Edad:
Cuanto más joven es el paciente, menos probabilidades tiene de ser un buen candidato, puesto que aún su pérdida capilar no ha llegado a estabilizarse. Teniendo en cuenta que el cabello trasplantado es permanente y durará toda la vida se corre el riesgo de crear una primera línea de pelo apta para una persona joven pero que, en una edad adulta avanzada no sea apropiada y natural, además se puede incurrir en una mala distribución del pelo trasplantado debido al desconocimiento de cuanto pelo más se puede perder.
No obstante el hecho de ser joven no es excluyente para realizarse un trasplante capilar, una buena planificación y una actuación médica cautelosa, lo convertirán, sino en el candidato ideal, en un buen candidato.
Zona donante:
Si su pérdida capilar es de consideración, el tamaño del área donante será menor, y por consiguiente la cantidad de pelo disponible para trasplantar también lo será.
Un paciente con un área donante normal podrá aspirar a una restauración con una densidad importante, mientras que por el contrario un paciente con una zona donante pobre tendrá que aceptar una densidad menor.
Tipo de pelo:
El grosor, color y estructura del pelo son factores importantes a evaluar antes de un trasplante, ya que influyen en la cobertura de la zona a restaurar. Por ejemplo, un cabello más grueso, con una mayor aproximación en color al de su cuero cabelludo y de tipo rizado, aportara una sensación de mayor cobertura y densidad, influyendo por lo tanto en el número de unidades foliculares a utilizar.
Estado de salud:
Existen tipos de alopecias que no pueden revertirse mediante un trasplante capilar, es el caso de las provocadas por algunas patologías, en éstas los cabellos trasplantados podrían verse, también, afectados por la enfermedad (alopecias cicatrizales y areata).
En estos caso, la evaluación por parte de un profesional que determine el tiempo de estabilización de la enfermedad, será vital para evaluar la posibilidad de un trasplante.
El procedimiento no es doloroso, se realiza con anestesia local y si se considera o el paciente así lo requiere se proporciona una ligera sedación por vía oral.
En todo momento el paciente está consciente, pudiendo conversar, ver la tv, escuchar música e incluso conectarse con familiares y amigos mediante sus redes sociales.
Siguiendo las recomendaciones postoperatorias, es perfectamente posible retomar su actividad habitual a los dos días posteriores de la intervención. Sin embargo las evidencias del trasplante capilar durarán aproximadamente entre 10 días a dos semanas después del procedimiento. Si sus actividades y estilo de vida se lo permiten quizás le apetezca tomarse unos días de descanso hasta que ya no existan rastros de la intervención.
El número de procedimientos necesarios para lograr unos resultados óptimos, dependerá de la zona a restaurar y de las características personales del paciente, como edad y progresión de la pérdida. En la mayoría de los casos se requiere más de una intervención.
Dependiendo de la técnica utilizada, FUE o Tira, se podrá practicar un nuevo trasplante pasado los 8 meses o el año. Aunque algunos pacientes suelen realizarlo varios años después.
La buena elección del profesional que realice su trasplante, será fundamental para alcanzar unos resultados naturales.
En Dr. Yane nuestra prioridad es alcanzar resultados que sean satisfactorios para Usted y que le otorguen un aspecto natural, por eso cuidamos todos los detalles en el diseño estético de su restauración capilar, teniendo en cuenta importantes factores como estética del paciente, patrones de belleza, fisiognomía, edad, sexo, línea del pelo, etc.
Una vez realizado el trasplante capilar, durante los tres primeros meses, los cabellos implantados suelen caerse, incluso hasta en un 80% sin que queden rastros visibles del procedimiento.
Sin embargo el folículo ha quedado asentado en el tejido de la piel, iniciando un nuevo proceso de crecimiento.
Alrededor de los tres o cuatro meses una nueva generación de pelo empieza a crecer, observándose en esta etapa un 30% del crecimiento total, que a los seis meses alcanza el 60%, apreciándose los verdaderos resultados alrededor del año.
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